Summary
Keywords
Full Transcript
Soy Santos Pocira, nací en la localidad de que aquí habíri en la comunidad Limpi a 89 kilómetros del Departamento de la Paz. Es el lugar remoto me vio crecer, es el lugar remoto me vio crecer como niño o como adolescente. Tengo cinco hermanos y mi padre Mauricio, agricultor, siempre nos decía la única oportunidad que nosotros teníamos era que teníamos que estudiar. Porque era el único camino para salir adelante.
Recuerdo amargarita mi mamá a las cinco de la mañana, ella preparaba los huevos a la Copa, mientras nosotros nos listábamos la mochila, el guardapolvo y nos decían, que tienen que tomar este huevo a la Copa, el día va a ser muy largo, necesitan energía, necesitan volver. Como que, ahí estaba la merienda lista y nosotros a las seis y media la mañana, más o menos, tenemos que salir al trote, rumbo a este poblito, cacquiaviri, con la única necesidad de poder aprender, de poder encontrarnos con nuestros compañeros, que muchos de ellos igual venían de comunidades lejanas. El vecino, más cercano si quieren llamémoslo, vivía mínimo a dos kilómetros y medio de distancias de la casa de mis padres. Pero eso no me impedía, aquí estos cinco hermanos salgan para adelante.
Mi papá siempre nos decía, nosotros tenemos que ayudar a la gente, él se ha actado a porque nosotros, éramos adolescentes, llenos de energía, o que mañana hay que ir a ayudar a Don Alberto, porque necesita la ayuda de ustedes, porque si no vamos a ayudar a la cosecha, la cosecha se va a torder. Así, nacía esa cosa en esta intuitiva de mi padre para que la comunidad no se muera, él decía, si nosotros no ayudamos, la comunidad se nos muere. Se cuerdó mis vacaciones, mi papá, mi mamá nos decían, hay que llevar los ganados a la montaña, porque era el lugar donde pasamos nosotros, y éramos adolescentes, pero teníamos la responsabilidad de hacernos cargo, de esas más de 100 ganados de oveja, llamas que estaban a nuestro cargo, teníamos que aprender a cocinar, al lidiar con el tiempo, pero había que disfrutarlo, a la vez hemos sido responsables de ese ganado que nuestro padre no lo entregó, porque en ese ganado estaba un poquito de ingreso para buscar los mejoros días para nosotros, fue una enseñanza, con lo poco que había lo disfrutábamos, lo pasamos también, pero a la vez lo único que buscábamos era, cuando empieza el colegio, porque era el momento de encontrarnos con nuestros compañeros, y vaya muchos de mis vecinos, no tuvieron esa misma oportunidad. Un día, a mí se me abre una ventana en el ámbito gastronómico, un chef llamado Charlie Ledesma, un día se me encuentra y me dice Santos, ¿cómo te ves aquí aquí, a 15 días?
A 10 años, yo le dije, no sé, te invito a la cocina para que sea parte de nuestro equipo, no lo dudude, ese día al día siguiente estuve media hora antes esperando que se abra esa ventana, y con esa necesidad, ¿cómo yo ves? Al fondo yo voy a esa cocina, esos señores de vestidos de blanco, todos trabajando de forma tan ordenada, yo le dije, yo quiero estar acá, eso fue el inicio para sumergirme en este mundo culinario, la gastronomía me formó, la gastronomía me educó, me diante la gastronomía, conocí mi familia, mi esposa, mis hijos, la gastronomía me hizo viajar por el país, la gastronomía me hizo hablar fuera de mi país, hablar de mi insumos de lo que teníamos. Mi padre siempre decía, siempre es bueno, capacitarse, siempre es bueno aprender, un día se abre otra gran ventana en mi camino, donde nace mi empresa, pasionaria. En tan poco tiempo estaba mi cargo más de 74 trabajadores y teníamos un verano donde el parque recibía entre 800 a 1200 personas días, pero las cosas cambiaban, había que replantear, había que planificar, había que organizar, había que prever lo que se venía, tanto me ha servido capacitarme, sí.
Me apoyé en la gente que trabajaba conmigo, lo se empoderé para que ellos identifiquen, ellos se identifiquen con la compasionaria, eso me ayudó a poder sobrellevar más de 4 años y medio, esta empresa ofreciendo servicio y buscando que la gente tenga un día muy lindo en ese parque. Pero los sueños nos terminan ahí, soy cocinero, debo seguir en mi lucha, vine de abajo, pero quería algo más, es donde nace pasionaria y avaizantos, un restaurante pensado en hacer un diálogo directo con la gente, un restaurante donde buscamos interactuar con el visitante, con el comenzal, que ir a pasionaria sea parte de una experiencia culinaria, hay que hallesgar desde el día 1, le hicimos, buscamos todo el equipamento necesario para que la gente que va a trabajar conmigo se sienta gusto, para que la gente cuando venga a visitarnos se leve emociones, se vele recuerdos, quiera comer a pasionaria, se el momento esperado, y así fue. No nos cansamos de capacitar a la gente, no nos cansamos de trabajar antes de la apertura puerta cerrada, esto es el menú, esto son los pasos que vamos a seguir, esto va a ser la ruta que vamos a seguir todos los días y así fue. nuestra experiencia en este tiempo fue maravilloso, porque acá no de eso lo único que recibíamos, lo más lindo era la felicidad, la satisfacción de ese comenzal.
un día, en mi camino se abrió otra gran ventana, yo me tenía que capacitar, yo necesitaba renovarme, yo necesitaba aprender más, desde que me inicié en el mundo culinario, siempre soñé con ser parte algún día de la escuela, le cordumblé del Perú, intenté una vez, dos veces y en la tercera, lo logré, lo disfruté con tanta pasión con la misma energía de mi niñez, recuerdo ese pasillo largo en mi último idioma de examen de grado, con mi plato y ha terminado, y dije, ¿que estoy haciendo? ¿por qué estoy acá? pero tan pronto, también, dije, esto me corresponde, lo luché, me lo gané y me empoderé, de ese momento, de que esas seis semanas no fueron en vano, volvi cargado de grandes emociones, soñaba con mi vistro en alguna esquina de equipetrol para por tener un diálogo directo con la gente, para expresar a mi mediante la comida, mis emociones con la gente, pero se vino esa gran ventana, quien nunca había esperado, la pandemia, un día con mi esposa María Paula, vimos un emprendimiento de solidaridad de un amigo nuestro Ernesto, y dijimos, ¿y por qué no llevamos comida a la gente que más lo necesita? si tenemos todo, tan pronto había pasado, había pasado 13 semanas, y habíamos llevado, habíamos alimentado a más de 72 mil personas, claro, Paula y Santos se unieron con los hijos, y cada uno tenía más o menos, y casi igual, de principios de nuestros padres que nos diseñaban sus valores, de la solidaridad, trabajamos arduamente, planificando un menú semanal, pero Santa Cruz es maravillosa, la gente, ustedes se acercaron, me apoyaron, yo fue el vehículo en llegar a los más necesitados, fueron momentos muy duros, a la vez, fueron momentos donde nos acercamos a la gente para motivarlos, para decirles de que no pronto vamos a salir adelante, la cocina es noble, todo lo que aprendí, tenía que poner en práctica, en este corto tiempo, la cocina es auténtica, la gente allá en el barrio más lejano debería recibir el plato con la misma pasión, con ese plato caliente, noble, pues, no había un día que nosotros dejemos de hacer, un día, en medio de la pandemia, se abro otra gran ventana, no me puedo detener, debo seguir, mientras servíamos años atrás, en los banquetes, en las reuniones, en los cocktails, unos bocadillos, tan bien elaborados con mucho cariño y salieron unos patez, la gente me preguntaba, ¿dónde lo conseguiste, dónde lo compraste, ¿qué hacían los hago yo?
pues, en la pandemia, un día charlando con Paula, dijimos, ¿por qué no vendemos esto, porque no probamos, es importante escuchar la opinión de un tercero, hicimos pruebas por acá, pruebas por allá, y puedo decir, con mucho orgullo, de que nuestros patez han nacido en la pandemia y han cruzado nuestras fronteras, como cocinero, siempre voy a volver a mis principios, la cocina necesita talento, la cocina es emociones, la cocina es un mundo donde no hay un final, pero estamos destinados nosotros como cocineros, a satisfacer esas grandes necesidades, yo no sé mañana, quién espera, pero lo que me vaya a esperar, voy a encarar con la misma pasión, con la misma energía, porque esos valores me enseñó mi padre, esos valores los aprendí de pequeño, que lo poco que había o lo poco que teníamos había que darle al máximo, me siento afortunado de ser parte de este mundo culinario, me siento afortunado de seguir probando mis desafíos, pero la puerta que venga, lo voy a esperar con la misma pasión, muchas gracias.
