Dormir es un proceso paradójico. Para conciliar el sueño es importante permitir que nuestro organismo disminuya su actividad, tanto física como mental. Sin embargo, en muchas ocasiones, tratamos de dormirnos a voluntad, como si nos quisiéramos obligar a dormir. Esta actitud lo que hace es aumentar la actividad e impedir el sueño. Practicar la atención plena en los momentos en los que no podemos dormir nos ayuda a cambiar de actitud y no aumentar la activación cuando sea momento de disminuirla. Además, tanto si al final conciliamos el sueño como si no lo hacemos, al practicar mindfulness, reducimos sensiblemente el malestar generado por la situación de insomnio y podemos disfrutar de los beneficios reparadores que tiene esta práctica.
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