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Todo precio es un “acuerdo”; por lo tanto, implica una negociación entre el comprador y el vendedor, quien busca vender a un precio más alto o más bajo según sus intereses. La negociación es una parte fundamental de la vida. En el mercado, donde las transacciones son recurrentes, rara vez hay engaño, ya que uno puede engañar a sus clientes una vez, pero estos no volverán a comprarle. Así, aunque se gane a corto plazo, se pierde a largo plazo. La mentira forma parte de la vida y, en ocasiones, de la negociación. Cuando una vendedora dice que “pierde dinero” al vender a cierto precio, en realidad no suele ser cierto, pero utiliza esa afirmación para fortalecer su posición negociadora. En los supermercados también existe negociación, aunque de forma indirecta. Negociar cada compra tendría costes de transacción altísimos. Por ello, lo que comúnmente llamamos “precio” es, en realidad, una “oferta de precio” que el supermercado propone a sus clientes, y estos deciden aceptarla o no al añadir el producto al carrito de la compra. Los supermercados evalúan cada noche las ventas realizadas y, con base en ello, reevalúan las ofertas de precio que presentan a sus clientes.
