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Lectura comentada del siguiente texto: "G. Elliot.- Se han desprendido del Dios cristiano y creen ahora con mayor razón deber conservar la moral. Es una deducción inglesa, y no quiero censurar por ella a las hembras morales a lo Elliot. "En Inglaterra, por la más pequeña emancipación de la teología, hay que recobrar la buena fama perdida, reconquistándola como fanático de la moral, hasta poner espanto. Es la manera de hacer penitencia que usan allí. Nosotros entendemos de otro modo. Si se renuncia a la fe cristiana, se despoja uno al mismo tiempo del derecho a la moral cristiana. Pero eso no es cosa que se entienda por sí sola y hay que explicársela continuamente a los espíritus superficiales, mal que les pese a esos ingleses. El cristianismo es un sistema, un conjunto de ideas y de opiniones acerca de las cosas. Si se arranca de él una parte esencial, la creencia en Dios, se destruye todo, y no nos queda nada necesario entre los dedos. El cristianismo supone que el hombre no sabe ni puede saber por sí solo lo que es bueno y lo que es malo; cree que sólo Dios lo sabe. La moral cristiana es un mandamiento, su origen es trascendente, está fuera de toda crítica, de todo derecho a la crítica; no contiene más que la verdad, suponiendo que Dios sea verdad; vive con la fe en Dios y desaparece con ella. "Si los ingleses creen saber por sí mismos «intuitivamente» lo que es el bien y el mal; si se figuran, por consiguiente, no necesitar del cristianismo como garantía de la moral, esto no es en realidad más que una consecuencia de la soberanía de la evolución cristiana y una expresión de la fuerza y del arraigo de esa soberanía. Es que el origen de la moral inglesa ha sido olvidado, es que no se ha comprendido la extremada dependencia de su derecho a existir. Para el inglés la moral no es todavía un problema". Friedrich Nietzsche, El crepúsculo de los Ídolos, Pasatiempos intelectuales, V, Buenos Aires, Sociedad Editora Latino-Americana, 1946, pp. 67-68
